El arte nos precede y nos desbroza el camino, por María Luisa de la Oliva

La palabra arte, tanto en latín como en griego tiene una connotación de articulación, ajuste, unión. Así que, es impensable sin el diálogo, y el compromiso con el Otro.

El interés del psicoanálisis por la obra de arte no pasa por interpretarla, sino que en tanto que objeto —como dice Gérard Wajcman—, es más bien la obra la que se ocupa del psicoanalista para «someterlo a interrogatorio». Se trata entonces de interrogar aquello que del arte nos mira y sorprende, embriaga, atormenta, conmueve, alegra, calma, angustia, e ilumina, cuando estamos ante una obra de arte que realmente lo es. Interrogar también acerca de la experiencia de los límites, las fronteras, y los imposibles.

En su homenaje a Marguerite Duras, Lacan dice: «[…] en su materia, el artista siempre le lleva la delantera al psicoanalista y que no tiene por qué hacer de psicólogo donde el artista le desbroza el camino». Más de 10 años después Lacan continúa interrogándose por el arte: «¿Qué es el saber hacer? Es el arte, el artificio, lo que da al arte del que se es capaz un valor notable, porque no hay Otro del Otro que lleve a cabo el Juicio final. Esto significa que hay algo de lo que no podemos gozar».1

Óleo, manos, barro, lienzo, piedras, luz, sombras, desechos. Estas son las materias con las que el artista hace su obra, pero ¿acaso no es también materia el agujero en torno al cual es posible su creación? ¿No es ese el misterio, el enigma que nos cautiva del arte? ¿Cómo es eso posible? Freud le dio un nombre: sublimación. El arte de darle un destino diferente a la pulsión. Pero lo que aún es más misterioso es cómo eso trasciende al propio artista y produce una satisfacción, un rapto al que mira la obra de arte. Es un arte, un savoir faire, pero paradójicamente es un saber no sabido, o que se sepa, o que se pueda saber, lo cual no impide que sea transmisible y hacer un diálogo con ello o de ello.

Acercarnos a la posición de vanguardia del arte es además un intento de encontrar alguna respuesta a nuestra tarea como psicoanalistas que es la de ayudar al analizante a que pueda encontrar su propio artificio que le permita otra manera de estar en el mundo cerniendo un vacío, única posibilidad de darle alas al deseo.

Notas

1 J. Lacan. Seminario XXIII. Lección del 20 Enero 1976.