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Juan Carlos Lázaro o la epifanía de lo visible
Presentación, por Félix Recio
Un lienzo en blanco, no es un lienzo vacío, es una superficie que está llena. Es necesario, una operación de sustracción, de eliminación, de vaciado, para que algo singular pueda aparecer. Los cuadros que se exponen surgen después de abandonar caminos transitados previamente, hasta encontrar que la luz a través de la niebla puede ser uno de los misterios de la pintura.
El vacío es condición para la creación ex nihilo, como dirá Lacan, solo así la obra será una epifanía pura, un comienzo absoluto, inédito, único. La obra de arte es un objeto enigmático, situado entre los objetos estandarizados que nos rodean y el autismo del síntoma, como dice Colette Soler, siendo su epifanía la extrañeza dada a ver.
La humildad de los cacharros pintados por Juan Carlos Lázaro, la loza, el cuenco en su vacío de contener, se desvanecen, se difuminan, mostrando una indefinición material, siendo la pintura una manera de acoger lo extraño.
Walter Benjamin, escribió que la negatividad que alberga la imagen dialéctica es «como un remolino en el rio», una deformación de su curso, alegoría de la creación artística que dice de «las imágenes que están naciendo». El bodegón como género, deformado en los cuadros de Lázaro permite que los objetos representados aparezcan a una nueva luz. La pintura, al acoger esa negatividad, se convierte en un engendramiento de lo visible.
Juan Carlo Lázaro, explora en su obra el límite de la representación, pero el límite, según Eugenio Trias, no es un muro que de-limita, sino una puerta que separa y une, el cerco hermético del cerco del aparecer. Pintura fronteriza, entre el aparecer y la desaparición, intersección entre lo visible y lo invisible. Pintar es un trans-parecer, pues el prefijo trans remite tanto al otro lado, como a través de. El otro lado es condición y límite del aparecer mismo, la pintura de Lázaro habita lo fronterizo, la frontera es transparencia pura, pues a la manera del Gran Vidrio, de Duchamp permite la contemplación de su reverso. El revés en la representación es apuntar a su propia ausencia.
En el juego del Fort/Da, de Freud, no solo está la alternancia del Fort y del Da. La bobina aparece y desaparece, entra y sale del campo de la visión. La desaparición es condición de su aparición en el propio juego, señalando el más allá de lo placentero cuando su imagen se hurta directamente a la mirada. La primera época de Lázaro, la más extrema, roza la desaparición misma de la pintura.
También hay una presencia de lo solar, de la luz cegadora donde la figura tiende a la evanescencia, a la abstracción. El color de algunos frutos, en su última etapa, no olvida su vocación de sombra, como esas uvas que se acompañan de su sombra morada.
Más allá de lo visible e invisible, habría que poner el acento, con Lacan, en la esquizia del ojo y la mirada. La pintura mira, mirada impersonal que como el punctun, de Roland Barthes, nos aguijonea y nos emplaza. El desvanecimiento, la desaparición, la finitud, al igual que la anamorfosis horada lo representado. El ojo puede tratar de aprehender la belleza, en el sentido de las bellas formas, y encontrarse con que la mirada del cuadro le desarma. Estar en lo translucido del límite, en lo poroso del gozne, es mostrar la desaparición como el envés de lo bello. El objeto al estar desvaneciéndose anuncia su ausencia, la pintura de Lázaro se dirige a lo real, su belleza, citando a Rilke, «es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar».

Pintura ref. 124, 2003. Óleo sobre tabla, 73×60cm.

Pintura ref. 132, 2003-04. Óleo sobre tabla, 50×61cm.

Pintura ref. 176, 2005. Óleo sobre lienzo, 50×61cm.

Pintura ref. 162, 2005-06. Óleo sobre lienzo, 38×46cm.

Pintura ref. 160, 2009. Óleo sobre lienzo, 38×46cm.

Pintura ref. 230, 2011. Óleo sobre lienzo, 27×35cm.

Pintura ref. 259, 2012. Óleo sobre lienzo, 50×65cm.

Pintura 8, 2014-15. Óleo sobre lienzo, 35,5×46cm.

Pintura 47, 2016. Óleo sobre lienzo, 27×35cm.
Recapitulación: Pintura y dibujo, 1995-2018, por Juan Carlos Lázaro
Esta exposición presenta el desarrollo que ha ido experimentado mi trabajo desde 1995 hasta 2018. En estas imágenes está aquello con lo que me he ido encontrando en esta exploración, en esta aventura de ser pintor, pintor que ha tratado de hacer pintura, pintura que sola diga algo distinto en el lienzo, en silencio.
En su conjunto se distinguen tres periodos: el primero, de 1995 a 2005, donde las cosas que pueblan los cuadros son tan luminosas que están cerca o casi a punto de desaparecer (periodo más radical), y que, ante la inminente llegada de la nada, del cuadro en blanco, comienzan en 2005 y hasta 2013 a aparecer algunas pistas sensoriales que hacen algo más visibles las cosas (periodo intermedio), y desde 2013 a 2018, siguen concretándose sensorialmente las cosas aún más (periodo más visible). En estos últimos años, 2017 y 2018, ha habido una alternancia de obras que encajan en cualquiera de los periodos descritos.
La sensación que he tenido al contemplar las obras de estos 24 años es la de que se ha cerrado un círculo, de que he vuelto a la albura inicial, de que el encuentro con esta pintura allá por 1995 y su posterior desarrollo ha llegado a su fin, a su conclusión.
Aspiraría a que estas pinturas y dibujos que ahora tienen ustedes ante su mirada, ante su observación, solas y en silencio, alcanzaran a transmitirle cierta plenitud contemplativa.
Sobre el autor
Juan Carlos Lázaro nace en Fregenal de la Sierra, Badajoz, 1962. Sus primeras obras van del realismo al expresionismo. En 1987 se licencia en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. Este año y los sucesivos viaja para ver pintura a Italia, París, Holanda, Londres y Museo Barjola de Gijón. A finales de 1987 llega a un expresionismo figurativo, contenido y dramático. En 1991 su obra se enfría, se hace geométricamente normativa. Y a mediados de 1994, después de un largo periplo, llega a esta pintura aparicional, que ha continuado desarrollando hasta hoy, constituyendo su trabajo más personal.
Ha expuesto, individualmente, en las galerías Fernando Serrano, Alfama, Luis Gurriarán, Arte 21, Birimbao, Juan Gris, Ángeles Baños y Estampa. Tres amplias retrospectivas han revisado su trayectoria: Paseo por la pintura, 1983-2003, en la Sala El Brocense, Cáceres 2004; y Pintura y dibujo, 2000-2008, en la Casa de Cultura de Don Benito y la Sala Antonio Machado de Leganés, 2009. Ha participado en prestigiosas colectivas, como Otra figuración, Nuevas realidades (Casa del Cordón, Burgos, 2005); La pintura en los tiempos del Arte (Edificio Baluarte, Pamplona, 2008); Blanco/Negro, sujeto, espacio, percepción (Fundación Chirivella Soriano, Valencia, 2009); Encuentro y Diálogo (MEIAC, Badajoz, 2013); y El Aforismo ilustrado (CICUS, Sevilla, 2017); y en las ferias de arte ARCO, Foro Sur, Artesantander, Estampa, Art Madrid y Art Chicago.
Su obra forma parte de las colecciones del MNCARS, “Reina Sofía”, Madrid; MEIAC, Badajoz; Museo de Bellas Artes, Badajoz; Museo de Cáceres; ACB (Alberto Corral y Bárbara), Cantabria; CAB, Burgos; de las Fundaciones Sorigué; Chirivella Soriano; Cajasol; Rafael Botí, entre otras.
Su lenguaje aparicional ha generado una amplia y esplendida bibliografía, entre otros, de Francisco Calvo Serraller, Juan Manuel Bonet, Enrique Andrés Ruiz, Tomás Paredes, Óscar Alonso Molina, Miguel Fernández-Cid, José María Parreño, Cristino de Vera, Luis Canelo, Javier Cano, Carmen Pallarés, Miguel Ángel Muñoz, Michel Hubert, Paco Lara-Barranco, Martín Carrasco y Mar Riolobos.
Comisión de organización:
- Evaristo Bellotti
- Gloria Fernández de Loaysa
- Rebeca García
- Sol García
- Félix Recio Carmelo Sierra